Palabras encadenadas

Esas son palabras encadenadas...

Somos palabras encadenadas, tú y yo. Amarradas a una situación invisible que nos une en tiempo y lugar aunque físicamente no sepamos discernir realidad de sueño.
Echo de menos remangar el espacio y las horas, y estar contigo. En esos instantes donde el mundo solamente gira para nosotros dos. Porque seríamos capaces de detener la vida en un beso, en esos labios que cuando se atrapan son armonía delicada y pasión embravecida. Ser mirada el uno en el otro y despojar de vestiduras lo superfluo de nuestra existencia.
Porque cuando somos dos, realmente sumamos uno.
Y el horizonte se viste con esa piel desnuda que recorro suavemente cuando te deshago de aquello que la cubre del viento y de la brisa que al pasar nos lleva. Y no reparo en desprenderme de aquello que de ti me separa, porque no hay nada mas bello que erizarte el pensamiento, y regalarte las mismas sensaciones que siento a escasos milímetros de ti.
Somos palabras, y palabras encadenadas.
Las mismas que pronunciamos en gemidos cuando nos atravesamos con caricias ocultas y besos al aire. Iguales a las que escribimos con renglones torcidos cuando nuestros cuerpos se arremolinan buscando detener el aire que circunda el placer que en volandas nos lleva al ser acariciados. De la misma intensidad que un volcán cuando comienza a expulsar ceniza que quema y arde, son mis dedos en tu espalda trazando ilegibles garabatos infantiles, que acaban siempre aferrados a tu pecho, lugar de culto para mis manos y mi boca febril.
Porque en la sintonía de las caricias, somos cadena y mano, pie y argolla.
Porque someterte a mi razón y que domines mi voluntad es nuestro designio. Porque sentir el calor que desprendemos es solamente el principio que divide en capítulos nuestros encuentros. Ya las madrugadas son de luminiscencia trabada y los días son oscuridad perversa y pasión absolutamente desmesurada. No es necesario distinguir si tu cabalgas mi sexo o soy yo el que monta tu grupa. Porque ese vaivén que nos descontrola es magia blanca y gris al mismo tiempo. Y son tus jadeos mi música predilecta. Y son mis gritos ahogados los que derriten tu obstinación.
Porque la pasión nos pertenece, seremos palabras encadenadas.
Y de pie, contra el horizonte, hundiré mis sueños en ti. Y moveré mis caderas mientras te veo bailarme el viento que precede a esa carrera de velocidad que marcamos a ritmo salvaje y desesperado. Y la tierra prometida danzará para nosotros, y seremos conquistadores del universo paralelo que hay escondido en el centro de la vida. Y haremos del amor nuestro delirio prohibido.
Porque somos palabras encadenadas. Y no dejaremos de serlo. Porque los dos queremos ser. Y seremos mientras deseemos querer. Y correremos juntos, y nos desharemos juntos, y nos construiremos juntos. Unidos por el placer de amarnos, y amarnos por el placer que nos regalamos.
Porque somos palabras encadenadas. Y somos puerta entreabierta al designio divino que nos debe la vida. Tú y yo. Solamente, tú y yo…

Deseo A Ras De Piel

Deseo A Ras De Piel… Es eso precisamente lo que nos está atrayendo esta noche a ti y a mi. Esa sensación irrefrenable que malhiere y atormenta hasta que no eres capaz de dominarla por completo. Y en esta tercera parte, puede sentirse ese Deseo A Ras De Piel.

#DeseoARasDePiel

Latidos Desbocados A Ras De Piel

Latidos desbocados a ras de piel…

 

Latidos desbocados a ras de piel…

Esa mujer… Parece imantada de un poder que no consigo descifrar. Ese aspecto de misterio e incógnita me tiene fuera de juego. Resbala por mi piel ese secreto y sigilo que provoca su presencia tan cerca de mi…

Estoy dispuesto…

 

#ARasDePiel

 

 

 

Y me dices

Y me dices...

Y me dices que te olvide.

Que trate de escapar de mi mismo, para después caminar sin ti.

Relegar a un plano inexistente tanta sensación vivida contigo.

Que envuelva en celofán gris aquellas caricias de tus manos, y las deje caer en una caja de cartón sin fondo.

Pero dime qué puedo hacer con tus besos marcados.

Qué recipiente sería capaz de albergar tanta pasión desmedida y tanta sinrazón acumulada.

¿Dónde guardo tu piel?

Aquélla que he vivido intensamente, que he disfrutado entre abrazos, que he recorrido con mis dedos, y que he deseado desde el principio.

Y me dices que te olvide.

Que arrastre mi pasión en otros brazos, cuando sabes que solamente tus manos son capaces de hacer música en mí.

¿Dónde almaceno el fulgor de tu mirada?

No existe desván ni alcoba, ni cesto, ni baúl, que puedan custodiar siquiera un solo instante en tus ojos.

Reflejo de sensualidad que me acompaña desde el mismo instante en que la vida te colocó en mi camino.

Porque sin forzar nada, derrumbaste la puerta que me separaba de experimentar lo que oculto quedaba al otro lado.

Y me dices que te olvide.

Que rechace tantas madrugadas.

Que sean pasto del olvido tantos amaneceres.

Que mueran en el fuego tantos y tantos instantes.

¿Cómo hacerlo, entonces?

Si el aire que respiro procede del aroma de tu piel.

¿Ya no recuerdas aquellos silencios rotos a besos húmedos y fascinantes?

¿Ya no sientes como palpita el deseo al primer fogonazo de placer?

¿Ya no?

O, ¿acaso pretendes decirme que cuando hacíamos el amor no eras tú la que arañaba mi espalda?

¿O, acaso quieres borrar cada vaivén de tus caderas en mi cintura?

¿O, acaso intentas convencerme que el goce y deleite que recorría tu vientre mientras me balanceaba dentro de ti, era fruto de sueños sin vivir?

¿O, acaso aspiras a que separe de mi pensamiento aquellos jadeos suplicándome que continuara bailando encima de tu cuerpo?

¿Por qué?

Por favor, dime por qué.

Porque no quiero que te conviertas en humo en la oscuridad, en brisa que desaparece, en el carmín de unos labios agrietados.

Y me pides que me olvide de ti.

Para serle infiel a lo que mi corazón recita cada atardecer.

Y obviar lo que es absolutamente cierto.

Pero me pides que me olvide de ti.

Y no sé hacerlo.

Y me pides que me olvide de ti.

Pero sigo sin saber qué hacer para lograrlo.

Y me pides que me olvide de ti.

Un suspiro de vida al océano de los imposibles, lugar de destierro para los que no queremos olvidar pero nos obligan a hacerlo.

Y me pides que me olvide de ti, soñando que aún estoy despierto…

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Si tan sólo

Poema 29

Fotografía: de Autor desconocido (vista en la red).

Bonsoir! Esta noche me apetecía hablarte en susurros. Y elegí el poema número veintinueve del poemario “Y Si Nos Dejamos Llevar“.

Porque tú y yo, nos deseamos en silencio… #TalVez

Música: After Midnight (Kai Engel).

Líneas escritas en color negro

La otra noche contemplé.
Te contemplé a tí.
Y observé.
Te observé a tí.
Sentada en el sofá.
Con un libro en las manos.
Líneas escritas en color negro.
Como el color de tus ojos al atardecer.
Como esa intimidad dulce y perversa que dormita.
Como esos silencios que traspasan el gemido y le infunden placer y sosiego.
Líneas escritas en color negro.
Cruzando cada atisbo de piel que erizada concluye el delirio para el que ha sido creada.
Líneas escritas para enlazar sentimientos.
Para esbozar travesuras en la complicidad de tus besos.
Y recorrer tu cuerpo sinuoso y nativo hasta enloquecer.
Líneas escritas en un derramamiento tan sensual como el afán que resbala por tu pecho.
Y que vierte al mar la pócima que atraviesa tu cintura.
Beberte y saciar mi ansiedad.
Líneas escritas en color negro.
Aquellas que visten de irracionalidad mis pensamientos.
Porque te deseo en blanco y negro.
Y en el color de tus desaires me desvanezco.
En la matriz de tu centro me estremezco.
Porque esas líneas escritas en color negro son mi única locura.
Fantasía que vertebra mi impaciencia y venera tu consciente plenitud.
La otra noche contemplé.
Te contemplé a tí.
Y observé.
Te observe a tí.
Recostada en el sofá.
Y mi cuerpo sobre el tuyo.
Líneas escritas en color negro.
Como el color del éxtasis que brilla alrededor.
Alrededor de tí.
Alrededor de mí.

La luna oculta

Desolación

Estoy mirando al cielo y la luna oculta no quiere mirarme a los ojos. Tal y como ocurre contigo, pues tampoco soy capaz de encontrar tu mirada en el horizonte, tras los vestigios de ese gentío que abarrota las calles en esta sombría noche ya de enero. Y eso que sabría reconocerte entre seis mil millones de pares de cristalinos y pupilas. Pero es la luna oculta la que viene a oscurecer un principio de madrugada que antaño llenábamos de luz entre besos y carantoñas.

Porque donde existió fuego y llamarada solamente quedan las cenizas que esparce la brisa nocturna por doquier, sin un rumbo definido ni lugar en el que posarse. Dónde quedaron esos jadeos que crecían mientras rozábamos nuestros cuerpos vestidos de un deseo escrito a la par con una tinta que a priori parecía indeleble. Y que visto lo visto, ha resultado ser tan frágil como el cristal en caída libre.

Porque cuando la noche se hace cómplice, el placer ronda la puerta; aquella que dejamos entreabierta camino de no sé dónde. Manos que buscaban bajo la ropa la timidez de tu piel, y que saboreaban tus labios húmedos mientras se refugiaban entre mordidas y perversidad. Aquella lencería oscura que te cubría de la luz que mis dedos reflejaban cuando ascendían por tu vientre; o descendían lentamente tratando de encontrar un gemido que te llevara a estremecer. Porque nos movíamos siendo presas del delirio del momento. Tu cadera me empujaba y me rozaba. De sobra conocías que me ponías a cien con tan solo mirarme. Y algo dentro de mí me sacudía. Y tú, lo notabas. Porque la cadencia de tu vaivén era tal que parecía ibas a reventarme. Pero yo me dejaba. Y tu sabías bien por qué.

Y aquella locura nos llenaba abrazándonos sin soltarnos. Y era tan intensa la sensación de posesión mutua… Porque de la intensidad aprendíamos a besar y a introducir las manos por cualquier resquicio oculto. Me llevabas por aquel sendero bien conocido por tí y nuevo para mí. Porque yo ya no sabía de la vida mas que lo que tu me estabas enseñando.

Y de repente, la luna oculta me lleva lejos de ti. Pero también lejos de mí. Porque ya no reconozco aquella huella de dibujaste en mi pecho. Tu rastro fue borrado. No puedo seguirte adonde vas. Es un paso demasiado peligroso para mi. Y creo que para ti también; aunque tu asumes el riesgo con más valentía que yo. Siempre fuiste más. Y yo, menos. Pero salvamos las distancias; esas que ahora nos separan y nos diluyen en el agua clara.

Tu seguirás siendo tu. Pero yo tendré que aprender de nuevo a ser aquel que fui: un amante de sensaciones que se dejó llevar tanto, que ahora no recuerda el camino de vuelta.

Ya no le grito al viento tu nombre. Ni tu aroma prende mi piel.

La luna oculta me toma de la mano. No sé adónde me llevará.

Pero estoy seguro que será muy lejos de ti…