Y me dices

Y me dices...

Y me dices que te olvide.

Que trate de escapar de mi mismo, para después caminar sin ti.

Relegar a un plano inexistente tanta sensación vivida contigo.

Que envuelva en celofán gris aquellas caricias de tus manos, y las deje caer en una caja de cartón sin fondo.

Pero dime qué puedo hacer con tus besos marcados.

Qué recipiente sería capaz de albergar tanta pasión desmedida y tanta sinrazón acumulada.

¿Dónde guardo tu piel?

Aquélla que he vivido intensamente, que he disfrutado entre abrazos, que he recorrido con mis dedos, y que he deseado desde el principio.

Y me dices que te olvide.

Que arrastre mi pasión en otros brazos, cuando sabes que solamente tus manos son capaces de hacer música en mí.

¿Dónde almaceno el fulgor de tu mirada?

No existe desván ni alcoba, ni cesto, ni baúl, que puedan custodiar siquiera un solo instante en tus ojos.

Reflejo de sensualidad que me acompaña desde el mismo instante en que la vida te colocó en mi camino.

Porque sin forzar nada, derrumbaste la puerta que me separaba de experimentar lo que oculto quedaba al otro lado.

Y me dices que te olvide.

Que rechace tantas madrugadas.

Que sean pasto del olvido tantos amaneceres.

Que mueran en el fuego tantos y tantos instantes.

¿Cómo hacerlo, entonces?

Si el aire que respiro procede del aroma de tu piel.

¿Ya no recuerdas aquellos silencios rotos a besos húmedos y fascinantes?

¿Ya no sientes como palpita el deseo al primer fogonazo de placer?

¿Ya no?

O, ¿acaso pretendes decirme que cuando hacíamos el amor no eras tú la que arañaba mi espalda?

¿O, acaso quieres borrar cada vaivén de tus caderas en mi cintura?

¿O, acaso intentas convencerme que el goce y deleite que recorría tu vientre mientras me balanceaba dentro de ti, era fruto de sueños sin vivir?

¿O, acaso aspiras a que separe de mi pensamiento aquellos jadeos suplicándome que continuara bailando encima de tu cuerpo?

¿Por qué?

Por favor, dime por qué.

Porque no quiero que te conviertas en humo en la oscuridad, en brisa que desaparece, en el carmín de unos labios agrietados.

Y me pides que me olvide de ti.

Para serle infiel a lo que mi corazón recita cada atardecer.

Y obviar lo que es absolutamente cierto.

Pero me pides que me olvide de ti.

Y no sé hacerlo.

Y me pides que me olvide de ti.

Pero sigo sin saber qué hacer para lograrlo.

Y me pides que me olvide de ti.

Un suspiro de vida al océano de los imposibles, lugar de destierro para los que no queremos olvidar pero nos obligan a hacerlo.

Y me pides que me olvide de ti, soñando que aún estoy despierto…

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