La luna oculta

Desolación

Estoy mirando al cielo y la luna oculta no quiere mirarme a los ojos. Tal y como ocurre contigo, pues tampoco soy capaz de encontrar tu mirada en el horizonte, tras los vestigios de ese gentío que abarrota las calles en esta sombría noche ya de enero. Y eso que sabría reconocerte entre seis mil millones de pares de cristalinos y pupilas. Pero es la luna oculta la que viene a oscurecer un principio de madrugada que antaño llenábamos de luz entre besos y carantoñas.

Porque donde existió fuego y llamarada solamente quedan las cenizas que esparce la brisa nocturna por doquier, sin un rumbo definido ni lugar en el que posarse. Dónde quedaron esos jadeos que crecían mientras rozábamos nuestros cuerpos vestidos de un deseo escrito a la par con una tinta que a priori parecía indeleble. Y que visto lo visto, ha resultado ser tan frágil como el cristal en caída libre.

Porque cuando la noche se hace cómplice, el placer ronda la puerta; aquella que dejamos entreabierta camino de no sé dónde. Manos que buscaban bajo la ropa la timidez de tu piel, y que saboreaban tus labios húmedos mientras se refugiaban entre mordidas y perversidad. Aquella lencería oscura que te cubría de la luz que mis dedos reflejaban cuando ascendían por tu vientre; o descendían lentamente tratando de encontrar un gemido que te llevara a estremecer. Porque nos movíamos siendo presas del delirio del momento. Tu cadera me empujaba y me rozaba. De sobra conocías que me ponías a cien con tan solo mirarme. Y algo dentro de mí me sacudía. Y tú, lo notabas. Porque la cadencia de tu vaivén era tal que parecía ibas a reventarme. Pero yo me dejaba. Y tu sabías bien por qué.

Y aquella locura nos llenaba abrazándonos sin soltarnos. Y era tan intensa la sensación de posesión mutua… Porque de la intensidad aprendíamos a besar y a introducir las manos por cualquier resquicio oculto. Me llevabas por aquel sendero bien conocido por tí y nuevo para mí. Porque yo ya no sabía de la vida mas que lo que tu me estabas enseñando.

Y de repente, la luna oculta me lleva lejos de ti. Pero también lejos de mí. Porque ya no reconozco aquella huella de dibujaste en mi pecho. Tu rastro fue borrado. No puedo seguirte adonde vas. Es un paso demasiado peligroso para mi. Y creo que para ti también; aunque tu asumes el riesgo con más valentía que yo. Siempre fuiste más. Y yo, menos. Pero salvamos las distancias; esas que ahora nos separan y nos diluyen en el agua clara.

Tu seguirás siendo tu. Pero yo tendré que aprender de nuevo a ser aquel que fui: un amante de sensaciones que se dejó llevar tanto, que ahora no recuerda el camino de vuelta.

Ya no le grito al viento tu nombre. Ni tu aroma prende mi piel.

La luna oculta me toma de la mano. No sé adónde me llevará.

Pero estoy seguro que será muy lejos de ti…